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Crónicas - ¡Que viva América!

Iván Mejía Álvarez habla de la grandeza del club escarlata a propósito de los 85 años de historia que cumplió y de paso, nos confiesa sus sentimientos hacia 'la mechita'.

Vi  jugar al América en la transmisión de televisión de su juego frente a Universitario de Popayan.

Fueron 35 mil aficionados al Pascual Guerrero y la mancha roja era impresionante,  como en los buenos días, como en las épocas grandes cuando el dinero del narcotráfico engrasaba todo el motor y la mayor parte de los clubes colombianos tenían auténticas máquinas de hacer fútbol, ganar títulos y lavar billete. El Pascual lucia como cuando América disputaba títulos o finales de Copa Libertadores, esa que se escapó cuatro veces de las vitrinas, el único trofeo que Miguel y Ochoa no pudieron darle a la hinchada escarlata.

Entre aquel América opulento, poderoso y rico que se daba el lujo de tener a Falcioni, Battaglia, Gareca, Cabañas, Willington y este de la B hay millones de dólares de diferencia. El que vi por TV  recuerda a la”mechita”, el equipo del pueblo, el de los negritos, el de los Balantas, Lucumís y Carabalís.

Parodiando el inicio de Cien Años de Soledad, diría que todavía recuerdo el primer dia en que mi padre me llevó al estadio a ver al América jugando contra otro equipo cuya figura no distingo en las brumas de la memoria. Fue en el Pascual y el sitio era la curvita aledaña a las pisicinas Olimpicas de la antigua tribuna de oriental donde se instalaba el negro Heladio Calero, el profesor de tenis del Club San Fernando, y su banda de amigos, hinchas enfermos y apasionados del elenco rojo.

El grito de guerra debe ser igual, no puede haber cambiado, cuando terminaba la ejecución del himno de Colombia, el estentóreo y potente resonar del “Viva América hijueputa” que se oia en toda Cali, en el Barrio Obrero, en Juanchito, en la montaña de Siloe  donde nació, vivió, se crió y triunfo en gran Barby Ortiz, un gigante de ébano a quien los fanáticos del Diablo Rojo adoraron como mito viviente durante años.

Dicen que acuando lo vi por TV fueron 35 mil aficionados porque el América cumplia 85 años de fundado. Eso dicen pero yo no creo que esa haya sido la causa. La verdadera razón es que el hincha viejo de la “mechita” no admite su equipo en segunda división y en un  acto de fidelidad con esa amante casquivana y coqueta, quiere brindarle todo su apoyo y su sentimiento de lealtad y cariño. Y el joven, el que creció viéndolo ganar todo, quiere recordar  las gestas y sabe que solo lo puede hacer si el club retorna a la primera, de la que jamás debió salir.

Lo  cierto es que el fenómeno América en la “B” tiene asustados a los analistas porque jamás esperaron que el aficionado, reticente al Pascual y mal educado en los últimos años  por pésimas  campañas, se había alejado del estadio. Se necesitaba este golpe, este dolor de verlo sumiso y acongojado para volver al Pascual.

No lo duden, América es un sentimiento, es el grito de una ciudad, es el cariño y el amor. Y nada más parecido al viejo América, al pobre, al de la “mechita”, al de Orteguita y su bandera roja ondeando en oriental. Este equipo de Lara corre, lucha, mete, pone, como en los viejos tiempos.

Este ameriquita de hoy, el de los Balantas, Carabalís y Lucumís, el del mango biche con sal, grosella, chontaduro y cucurucho de maní, es la infancia que ya se perdió.

¡Que viva América hijueputa!

Fuente: www.futboltotal.com.co

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