Martes 7 de septiembre de 2010

Este cuento

2007-08-23
ESTE CUENTO

19 DE DICIEMBRE DE 1.971
ROBERTO FONTANORROSA

Un equipazo que hay que reconocer, y la lepra se corría una fija sabes cuantos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no se de donde habían salido leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oime, habían que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podes perder, tenes que ganar o ganar. No hay tu tía. Entonces si a mi me decían que tenia que matar a mi vieja, que había que hacían cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. Y que te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenes un pariente enfermo ¿ viste? Tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz de ir a la iglesia ¿viste? Y te tigo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mira vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servia para algo. Pero con los muchachos enganchados con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sabor detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas de que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laborando en la cosa y había muñecos con camiseta del Ñubel clavados con alfileres, maldiciones perdidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenia un pañuelo atado desde hacia como diez días, de esos de << Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato>>. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejos Cásale, pero yo le decía que si para no desilusionarla a la vieja. Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, que se yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cabalas personales. Porque me acuerdo de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani, porque era el auto con el que íbamos ido una vez a La Plata en un partido contra estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venia llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ese lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ese. El Caqui iba a ir con el reloj cambiado de lugar, a sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no se quien se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos. O sea todo el mundo repaso todas las cabalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto, te digo mas, estuvimos como media hora discutiendo como mierda estábamos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra. El boludo de Michi decía que el había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era el. Mira vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas como venia la mano en esos días. ¿Y sabes qué te lleva a eso, hermano, sabes que te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el Viejo Cásale.

Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca mas acá. Íbamos a parecer esos refugiados cambiamos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el Ciudad de Rosario y por acá, por el Parana, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no se, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero cana no se iba a poder vivir nunca mas con el cargada de los leproso putos, mi viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que el se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho mas porque el loco el Miguelitos, así que había que creerle. O hacerse puto, no se quien había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca mas a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa posibilidad. Ni se nombraba la palabra <>.
Era como cuando se habla de cáncer, hermano vos ves que por ahí te dicen << la papa>>, o <>, <>, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombre nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Cásale.

El viejo Cásale era el viejo del Cabezón Cásale, un pibe que siempre venia al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Sala creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que el nunca, pero nunca, lo había visto perder a la Central contra Ñul. Me acuerdo que nos habíamos impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas << ¿Cómo carajo hizo este tipo para no verlo perder nunca a Central contra el Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este caso no va nunca a la cancha>>. Porque, oime, alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayas a los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que en la cancha del parque no van en la puta visa. Y me acuerdo que le preguntamos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explico. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, que se yo, una serie de casualidad de hicieron que en un montón de partidos con Ñul el no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por misiones- el viejo era comisionista-; que ese día se hacia torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, que se yo, en fin, la verdad, hermano, que el viejo la posta porta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto, era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevas es numero puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Cásale era uno de estos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos << este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar>>.

Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarro como la duda ¿viste? Porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo mas, desde el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de el no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah , en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenia por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos << vamos a casa del viejo a asegurarnos que ya y si no va lo llevamos atado>>. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, que se yo. Nosotros ya Habíamos pensado en hace una rifa a beneficio, una Kermesse, cualquier cosa. El viejo tenia que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuestión es que vamos a casa y… ¿a que no sabes con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el medio le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mi vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no se que partido, en un partido de mierda después que una pelota pego en el palo, que había estado muerto como media hora y lo había salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacia ya, mira los que te digo, dos años.

¡Hacia dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era solo que el no quería ir sino que el medico y, por supuesto, la familia, le tenia terminantemente prohibido ir, lógicamente. No se si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no se si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! En la cara y el viejo partía. ¡Para que! Te imaginas nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle << pero mire, don Cásale, usted tiene que estar, es una cita de honor: ¡Que va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero Kilómetro! Vamos don cásale- Me acuerdo que lo jodia Miguelito-, ¿Cuántos polvos se echa por día? Usted esta hecho de toro>>. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.

Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenia un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenia que ganar Central parta hacer feliz a mayor cantidad de gente. No se, no se la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que quería saber que carajo queríamos decirle nosotros al viejo en esa reunión., porque medio que ya se sospechaban que nosotros nos íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que no siquiera Sabih si iba a poder resistir la tensión de saber que si jugaba el partido, aun sin escucharlos. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabia como venia la mano, como era la cosa, como formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. <> No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. <> Porque el viejo decía y tenia razón, que si se quedaba en la casa, por mas que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenia, para borrarse del asunto.

Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venia muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía le había venido el DIA antes. Era un presagio funesto el de la tía.

Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y que después se isba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana que, además, eso seria Casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque siempre h sido un exagerado y mas que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decidimos y mas que nada por una cosa que dijo el Valija; el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero , o no ir a la cancha, o dejar que te rigorece la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabes, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para salvarle la guita, hacerle experimentos y chuparle la sangra. Y además, como decía Miguelito y esos era cierto vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta años no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo mas bien. Caminaba, hablada, se sentaba, que se yo, se movía. ¡Chupaba! Porque nosotros nos convido con Cinzano y el viejo se mando. La cosa es que Miguelito elaboro una teoría que te digo, aun hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo área un turro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no podía el lomo, alo atendían a cuerpo rey y la tenia a la vieja a la hermana del Cabezón pendientes de el viviendo como un bacán, el viejo. Y… ¿de que se privaba? De algún faso; que no se si no fasearia escondido; y de no ir a la cancha. Fíjate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.

El Colorado nos hablo de los grandes ideales, de nuestra misión fuerte a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros, y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, teníamos experiencia en malos ratos y fuleria. Pero los pibes, los pendejitos de Central, esos iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iban a marcar para siempre como un fierro caliente. Que las cargabas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iba a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en publico. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

Yo me cuerdo cuando perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldo, que todavía se estará gastando la guita, te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no mancarme la carga de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste como descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los piotes en ese sentido. Y lo que decía el colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos de los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos ñubelistas, esta también el fato del existimos. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y… ¡a la mierda…! De ahí en mas todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevas al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando val. al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan <> y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son mas materialistas, yo no se si es la televisión o que, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Cásale, o si aguantarse que quince, veinte años después, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de leprosos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabes lo que seria? Beirut seria un poroto al lado de esto, hermano, te juro.

El que organizo la <>, como la llamamos, fue el Colorado. La llamamos así porque ese general alemán, el torturador, que se chorearonde acá una vez los judíos ¿viste? Y lo nuestro era mas o menos lo mismo. El colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho, el organizo todo. El Colorado ya no estaba para entonces en la O.C.A.L. La O.C.A.L., no se si sabes, es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L. (Organización Canalla Anti Lepra) son un grupo de ñatos como Ku-Klux-Klan, mas o menos, que se reúnen en reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión . mira, yo no se si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro, lo que tenes que hacer es odiar a los lepra. Tenes que odiar mas a los lepra que lo que queres Central.

Hacen reuniones, escriben, escriben el libro de actas, piensan maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que le hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos, los masones esos, que nadie sabe quienes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo. Pero es un banco el Colorado y el fue el que organizo todo el operativo.

Y te la cuento por que es linda, te la cuento porque es linda, no se si es un DIA de esos no aparece en el Selecciones y todo. Averiguamos que ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenia quinta el hermano del viejo Cásale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al Mil Cuatrocientos , lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenia que tomarlo en San Luis-Corrientes, no mas allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no se para que mierda iba hacer eso. Ahora, la duda era si el viejo se iba a ir en Ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recargaba, pero nos jugábamos a que si iba a ir en ómnibus porque auto no tenia y seguro que el hermano tampoco tenia porque debía ser un muerto de hambre como el, seguramente. Y te digo que la cosa venia perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros no podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salid a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿Cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un Ómnibus de línea? Lo mas probable es que no hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta.

Después hubo que hablar con los otros muchachos, porque convencer al Rulo no nos costo nada, a el le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejo la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así. El Rulo es un fana amigo de Central que tenia un par de ómnibus, esta muy bien el Rulo. Y en esa época tenia un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, que se yo, ponerle el numero, un laburo barbaro. Pero el Rulo tenia dos 305 y con uno de esos ya tenia pensado y mas bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputisima madre que lo parió, no iba a perderse el partido ese.

Entonces, el Rulo, con lo monos arriba y nosotros, tenia que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. El Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Cásale. Creo que a las cinco, nos, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el Boliche haciéndose el boludo y jurando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ese, hermano. Fue una maravilla.

Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún marambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazo una Vespa que tenía en ese entonces, dio vuelta a la manzana y nos aviso. Cargo la moto en el ómnibus, en la parte de atrás detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha. Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndose os dormidos, incluso con la cara tapada con algún pulóver, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.

Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de mayo. Además el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran punta que media 52 metros; ¡52 metros, loco! Media cuada de bandera que decía <> y tuvimos que meterla de bajo de un asiento parta que el viejardo no la vichara.

La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en unos de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho el Ómnibus. Rulo le cobro boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo mas piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenia cerca y movía la cabeza como diciendo <<¡Mira vos!>> Se ve que tenia unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de esas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas dentro de ese ómnibus, hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? Que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cargar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo <>. Y yo no se que le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el trafico, que había que seguir un poco mas adelante y el viejo se la comió, pero se quedo paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, <>. Hay ya el Rulo nos miro, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano...¡vos no sabes lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las bandera, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, <<¡Soy canalla, soy canalla!>> por las ventanas.

Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llego el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina. ¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada mas que un par de novatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Qué levantan la lona y estaban todos dentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transformo en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor; te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraban un cascotazo... Pero vuelto al viejo, el viejo, no sabe la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: este es el momento crucial. Hay el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacia bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo. Pero mirá, te la hago corta. Mira, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entrego, pero entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una vergüenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que el estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus querría decir que ese cuore se odia bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llego a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que el estaba perfectamente sano y que incluso el medico estaba implicado en la cosa.

Mirá hermano, y créeme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? Mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el mas feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis hijos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajo envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo mas feliz que el. Vino con nosotros a la popu y se banco toda la espera del partido, que fue mas larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busque, porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por donde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después mira para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculosa casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si este no se murió aquí, no se muere mas. Es inmortal. Y después ni me acorde mas del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería mirar. Porque nos cagarón a pelotazos, ya el segundo tiempo era lo fulero, lo terrible? ¡Que si nos empataban nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos emparaban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban hacer refusilar el orto porque estaban mas enteros y se venia como un malón los guachos! ¡ Que manera de alambrar! Decía que ese día, Dios querido, yo no se que tenia flaco Menotti que saco cualquier cosa, saco todo, vos no querías creer lo que saco ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le saco un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ese ¡que pelota le saco a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementarios. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustara que me contestes todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Cásale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vio yo al viejo Cásale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Cásale como lo vi cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡ la cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡ Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día mas feliz de su vida, pero lejos el día mas feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenia ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedo seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos: <<¡Que importa!>> ¡Que mas quería que morir así ese hombre! ¡ esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿para que? ¿Para vivir sos o tres años rasposos mas, así como estaba viviendo, dentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Mas vale morirse así, hermano! Se murió saltando feliz, abrazado a los muchachos al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por los restos de los siglos! ¡ así se tenia que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡porque si uno no pudiera elegir la manera de morir yo elijo esa, hermano! Yo elijo esa.

(Del libro Nada del otro mundo)

Ediciones de la Flor, Buenos Aires 1.987)

 


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